Solo y frío

 


Yo no sé si a ella le ocurrirá lo mismo, pero me llena, al entrar en S. Ildefonso, una emoción indescriptible: nunca había entrado en esta iglesia y al ver mi Sagrario siento una tristeza y una compasión profunda por Él, que está allí prisionero; porque da todo aquello una sensación de pobreza y de frío que contrasta con el lujo y magnificencia del altar donde está colocada la imagen del Señor Cautivo y Rescatado. Aquel Sagrario se ve desde lejos que está muy solo y que allí hace frío, mucho frío... Rezamos la coronilla de desagravio y procuramos compensar la brevedad de nuestra visita con la intensidad de nuestros afectos y, quedándonos en espíritu allí, salimos.


Diario de Visitación Montero.

Citado en Victoria Díez y Bustos de Molina. Una por todos. M. Encarnación González Rodríguez.

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