Mirad la cruz de Cristo
Amemos en ellos (los mártires) no sus sufrimientos, sino la causa de los mismos; pues sí amamos solamente sus sufrimientos, encontraremos a muchos que sufren cosas peores por causas malas. Pero fijémonos en la causa: mirad la cruz de Cristo; allí estaba Cristo y allí estaban los ladrones. La pena era igual, pero diferente la causa. Un ladrón creyó, otro blasfemó. El Señor, como en un tribunal, hizo de juez para ambos; al que blasfemó mandó al infierno; al otro lo llevó consigo al paraíso. ¿Por qué esto? Porque aunque la pena era igual, la causa de cada uno era diferente.
Martyres non poena, sed caritas discernit.
Sermón 335
San Agustín de Hipona


