Subir al monte de perfección
Dando por eso a entender que el alma que hubiera de subir a este monte de perfección a comunicar con Dios, no sólo ha de renunciar a todas las cosas y dejarlas abajo, mas también los apetitos, que son las bestias, no las ha de dejar apacentar de contra de este monte, esto es, en otras cosas que no son de Dios puramente, en el cual todo apetito cesa, esto es, en estado de perfección. Y así, es menester que el camino y subida para Dios sea un ordinario cuidado de hacer cesar y mortificar los apetitos; y tanto más presto llegará el alma, cuanto más priesa en esto se diere. Mas hasta que cesen, no hay llegar, aunque más virtudes ejercite, porque le falte el conseguirlas en perfección, lo cual consiste en tener el alma vacía y desnuda y purificada de todo apetito.
San Juan de la Cruz
Subida del Monte Carmelo


